Madres conscientes que se re-inventan

Actualizado: 16 de dic de 2020

Una vez que somos madres ya nada vuelve a ser igual. Nuestra vida de mujeres profesionales independientes, con miles de proyectos, con la cabeza llena de ideas y con mucha energía vital para realizar lo que nos proponíamos, ahora simplemente ha cambiado. Ahora tenemos una o más vidas a nuestro cargo que nos piden mirada, atención, disponibilidad.


Cuando somos madres y además hemos decidido retomar nuestra carrera profesional, nos sentimos abrumadas por las «exigencias» de nuestros hijos, nos sentimos aprisionadas porque «nos quitan mucho tiempo y energía», queremos dar lo mejor de nosotras pero aveces sólo nos sale el ogro que llevamos dentro, nos sentimos culpables de dejarlos en la guardería y encima tenemos que hacer buena cara cuando vamos a trabajar. ¿Por qué nos pasa todo esto?, ¿es que no se puede ser una madre consciente y además trabajar fuera de casa y realizar nuestros proyectos?


Todas estas preguntas pasan por la mente de muchas mujeres día a día, y es que intentar ser una madre que nutre emocionalmente a sus hijos y que además trabaja fuera de casa no es tarea fácil. El trabajo nos exige desplegar mucha energía, nos hace estar siempre en la acción, en el afuera y en cambio la maternidad nos exige el recogimiento, la ternura, la calidez y la disponibilidad. Parecen dos cosas incompatibles, sin embargo creo que resulta posible combinarlas si estamos dispuestas a re-inventarnos.


Y ¿qué significa esto?



Re-inventarse implica primero asumir que nunca volveremos a ser iguales a lo que eramos antes de ser madres y que si queremos acompañar sensiblemente a nuestros hijos, tendremos pues que crear otra manera de vivir. Significa que tendremos que adaptar nuestras prioridades y valores para hacerlos más acordes a aquello que nuestros hijos necesitan. Significa pensar en opciones diferentes de trabajo, en alternativas profesionales que nos permitan desarrollarnos y crecer como persona, pero que no nos absorban nuestra atención y energía, y que cuando lleguemos a casa podamos estar centradas en ellos sin estar pensando en la reunión del día siguiente o en el conflicto que tenemos con nuestro jefe.


Pero esto no resulta sencillo, pues a muchas de nosotras nos cuesta renunciar a nuestra carrera, nos cuesta atrevernos a hacer cambios porque nos arriesgamos a perder la seguridad y la estabilidad que nos da un trabajo de jornada completa, nos da miedo no poder responder a las necesidades materiales de nuestros hijos y porque, en el fondo, no nos sentimos apoyadas por una sociedad que en lugar de considerar la maternidad como la mejor inversión de futuro, la considera una tarea de poco valor.


Pero a pesar de todos estos obstáculos estoy convencida de que si logramos conectarnos profundamente con nuestros hijos y con sus necesidades emocionales, si logramos valorar que aquello que vivan en su infancia será definitivo para el resto de sus vidas, entonces encontraremos el camino adecuado para encaminar nuestro quehacer profesional. No resulta fácil, pero es posible basta con intentarlo.


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