¿Madres vs Hij@s?

Actualizado: 16 de dic de 2020

¿Cuántas veces no nos ha pasado que sentimos que nuestros hijos nos demandan demasiado?, ¿Que nos parece que nunca tienen suficiente a pesar de que nos esforzamos para darles todo?

¿Que madre no se ha sentido desbordada al no poder descansar bien, ni ducharse, ni poder comer tranquila, ni tomarse un café con las amigas y mucho menos tener algo de intimidad con la pareja?


¿Quién no se ha sentido juzgada por el marido, por la familia, por el jefe, en fin por la sociedad entera por la manera que cría a su hijo?


Cuando somos madres todas nuestras necesidades parecen pasar a un último plano, todo aquello que antes hacía parte de nuestra vida, nuestras rutinas y maneras de hacer y vivir se trastocan porque ahora hay una o más personitas a las que debemos atender y cuidar. Nuestros hijos llegan al mundo con grandes necesidades físicas y afectivas a las que debemos responder de manera inmediata, sin embargo dependiendo de nuestra capacidad emocional, de la manera en que han sido cubiertas nuestras propias necesidades afectivas en nuestra historia de vida, viviremos mejor o peor esas demandas. Reconocer cuáles son las necesidades de nuestros hijos y tener más conciencia de las nuestras, nos puede ayudar a conjugarlas en lugar de que nuestra cotidianidad se convierta en un campo de batalla.



Necesidades del bebé humano


Todo bebé al nacer lleva consigo millones de años de evolución integrados en su ser. Lleva lo que Laura Gutman ha denominado un diseño humano que empieza a recrearse desde el mismo momento que sale de la barriga de la madre. Nacemos igual que los primeros humanos que poblaron la tierra, lo que ha cambiado es el cómo y el dónde nacemos, pero la criatura humana nace exactamente con las mismas necesidades que hace miles de años.


¿Qué espera un bebé?, ¿qué necesita? Alimento permanente, cobijo, calor, contacto, seguridad, atención, movimientos suaves, intimidad y sobre todo una madre disponible emocionalmente y atenta a lo que le pasa. Pero cuidado, esto no tiene nada que ver con si la madre está o no está todo el día con el bebé, si trabaja o deja de trabajar. Una madre puede estar 24 horas con el bebé y aún así no no estar disponible emocionalmente para poder entender lo que le pasa y responder adecuadamente a sus necesidades.


En resumen el bebé necesita Maternaje que sería algo parecido a seguir sintiendo la confortabilidad que sentía cuando estaba dentro del útero materno. Sin embargo ¿qué se encuentra? Alimento con horarios, contacto a veces y una mamá poco disponible porque está angustiada, desbordada, se siente juzgada, sola y poco apoyada. Y sobre todo una madre con una historia de poco maternaje.


El bebé es un ser necesitado por definición, sólo necesita, no puede dar nada, espera, demanda y la primera manera que tiene de expresar esa demanda es el llanto. No puede sobrevivir si no tiene unos cuidados físicos mínimos, sin embargo sobrevive si no tiene los cuidados emocionales, pero ¿qué le pasa cuando no se le ofrece lo que necesita emocionalmente? ¿Qué pasa con sus necesidades? No desaparecen se van a la sombra, al olvido y luego aparecen de maneras diferentes. La criatura comienza a entender que su lenguaje inicial no es entendido por su madre y entonces ajusta su lenguaje al lenguaje que sabe que su madre entenderá para garantizar que ésta si lo escuche. Entonces el bebé y luego el/la niñ@ se enferma, hace berrinches, no duerme, vomita, come demasiado o no come, se accidenta o se adapta y no se queja. Esto es lo que Laura Gutman llama pedidos desplazados.


El niñ@ al final se adapta, pero el problema es que nosotras las madres vemos la enfermedad y le damos un remedio, nos preocupamos por la comida, vamos al médico cuando se da un golpe o estamos contentas cuando no nos molesta, pero no escuchamos el verdadero llamado del niño que nos dice: “necesito una mamá que nombre lo que realmente me pasa”. Y así va creciendo desconectado de lo que realmente le pasa, de sus emociones porque no somos capaces de ponerle nombre a lo que realmente le pasa.



Necesidades de la madre


¿Qué necesita una madre para poder maternar a su hij@? Necesita apoyo, soporte, sentirse entendida, no juzgada, valorada y sobre todo haber sido maternada. Pero ¿qué es lo que realmente recibe?, ¿con qué se encuentra? Con una sociedad que no valora la maternidad, una pareja que le demanda contacto sexual o que le juzga, una familia que no la apoya, está sola, un jefe que le exige igual que antes de ser madre, etc. Y a esa madre que deviene madre en esas circunstancias y además proviene de una historia de poco maternaje, ¿qué le va a pasar? Que sufrirá, que estará angustiada, que se enfadará con el bebé, que se aburrirá, que no disfrutará nada ni la maternidad, ni la sexualidad, ni el trabajo.


Y cómo venimos de una historia de desconexión de nosotras mismas y de nuestras emociones en lugar de entender lo que nos pasa y afrontarlo de manera constructiva. Nos peleamos con nuestra pareja porque el no se implica igual que nosotras, nos vamos a trabajar porque descansamos más trabajando que con nuestros hijos, estamos en casa queriendo ser las mejores madres pero no dejamos de pelearnos con nuestros hijos.


¿Qué pasa ahí? Que hemos llegado a la maternidad con nuestro vaso emocional medio vacío o vacío y cuando nos enfrentamos a un bebé que necesita que le demos toda el agua del vaso porque tiene mucha sed, nosotras sentimos que nos quita todo, que nosotras merecemos también esa agua, porque nosotras también tenemos sed.


Y entonces ¿qué podemos hacer?, ¿podemos salir de esto?


Si, es posible, podemos buscar salidas a varios niveles.

Uno es entender que nos está pasando, en qué punto estamos, enfrentarlo, no negarlo.


Luego asumir que ya somos adultas, que llegamos con carencias a la maternidad (vacio medio vacío o vacío) pero el bebé nos necesita, tiene una urgencia y desde la adultez podemos entender esa urgencia y decidir darle prioridad. Cambiar nuestras expectativas, saber que esta situación de dar al bebé todo o más de manera inmediata no dura toda la vida solo unos años…


Podemos buscar llenarnos emocionalmente con otros adultos, sanos, no depredadores. Construir lazos positivos para nosotras y nuestros hijos, mejorar nuestra relación de pareja, construir nuevos acuerdos. Saber hasta donde podemos llegar, cuanto podemos dar y buscar maneras creativas para que el bebé tenga lo que necesita.


Y finalmente podemos ganar en conciencia. Entender qué nos pasó en nuestra historia, cómo llegamos emocionalmente a ser madres. Indagar. Cuando logramos entender lo que nos pasó podemos empatizar con nuestra infancia y lograr empatizar con las necesidades del bebé.


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