Mujeres que saben fluir

Actualizado: 16 de dic de 2020

Las mujeres hoy en día tenemos un gran mandato, una mochila muy pesada a cuestas. Tenemos que ser “independientes”, “autónomas”, “resolutivas”, “ejecutivas”. Nuestras madres abonaron bien el camino e incluso algunas hicieron el salto. Algunas desde la acción, pero casi todas desde la forma de pensar. Nos educaron para salir, luchar y conquistar el espacio público, dominado históricamente por los hombres, y nosotras lo hicimos muy bien y dimos el salto al afuera. Gracias a ello ahora gozamos de mucha más libertad.


Pero en esa salida caímos en dos grandes trampas:


Una de ellas fue la suma de roles, al de esposa y madre sumamos el de profesional y super mujer (guapa, en forma, sana, etc). No renunciamos a nada, nos lo quedamos todo, lo positivo y lo no tanto. Ahora somos mujeres sobre exigidas, debemos llegar a todo y a todos, cuidar, mandar, tener ambiciones y objetivos, ascender y construir en el camino una buena autoestima.



La otra trampa fue la de desconectarnos e incluso negar todo aquello que se relacionaba con lo femenino. Esto nos llevó a desconocer nuestra psique y nuestras emociones, a mantenernos en la mente y negar el cuerpo porque el ritmo del ámbito laboral, del afuera no acepta la fluctuación, no admite el cambio de ritmos, no tiene en cuenta nuestro reloj biológico y al fin y al cabo si debemos competir con los hombres o demostrar que “somos iguales” en capacidades, no podemos demostrar ningún signo de vulnerabilidad. Hemos comprado la idea de éxito social PATRIARCAL y en cambio no hemos construido un éxito a nuestra medida.


Estas grandes trampas en las que estamos envueltas, sólo nos están llevando ala insatisfacción y al agotamiento. Nos están impidiendo conocer una parte muy interesante de nosotras mismas y nos están negando la capacidad de mirarnos en nuestras verdaderas necesidades y deseos como mujeres.


Hemos dejado de disfrutar el viaje, una característica femenina y hemos comprado la idea de que es más importante llegar a la meta una expectativa masculina. Hemos sumado a la necesidad de aprobación, la necesidad de admiración y dejando de lado nuestra naturaleza cíclica, nuestro fluir natural.

La psicóloga Pilar Sordo en su investigación“Viva la diferencia” preguntó a más de 5.000 personas (hombres y mujeres de diferentes edades y estratos socioeconómicos) qué ideas asociaban a UTERO y ESPERMA.


Útero estaba relacionado con acoger, recibir, nido, lento, amor, suavidad, retener.

Y Esperma con velocidad, competir, desafío, sexo, batalla, soltar.


Esto nos da pistas sobre todo aquello femenino que nuestra sociedad ha desdeñado y sobre todos esos valores que, en cambio, se han visto ensalzados. Hemos dejado de lado la lentitud, el cuidado, el amor, que es aquello que nos permite disfrutar y mantenernos vivos como especie. Hemos abandonado el cuidado como valor social. Y está claro que mientras se desprecien los valores femeninos, nuestra sociedad está abocada al fracaso.


Aunque queramos negarlo con discursos más o menos elaborados, las mujeres tenemos un útero y GRACIAS A ELLO somos CÍCLICAS. Somos cambio constante, somos muchas mujeres contenidas en una sola mujer. Somos movimiento puro.


Y podemos hacer caso a ese movimiento y fluir con él o podemos negarlo y bloquearlo con las consecuencias que esto nos trae (enfermedad, ansiedad, crisis) porque el movimiento sigue su curso y negarlo implica represión y a la larga sufrimiento.


Nuestra ciclicidad implica que cada mes pasamos por una serie de etapas, de momentos, de maneras de ser y estar: fase folicular, fase ovulatoria, fase lútea, menstruación. En cada fase tenemos cambios físicos, hormonales, emocionales y temperamentales. Algunas de manera más marcada y otras de manera más sutil.


Y este ritmo coincide con el ritmo de la naturaleza, las estaciones, el día y la noche, las fases de la luna. Somos humanas y somos naturaleza.


Así pues, tenemos a nuestra disposición una puerta para salir de la trampa: la toma de consciencia de nuestra psique femenina, no con el fin de justificarnos, ni con la idea de victimizarnos, sino para conectarnos con el fluir natural y saber aprovechar la corriente de cambios y ponerla a nuestro favor.


Aprovechar ese movimiento es aprender a fluir, es tomar las riendas de nuestra vida, de nuestro cuerpo y emociones, no dejarlo en manos de otros (trabajo, familia, vida social).

Si conseguimos mirar esa parte de nosotras que nos determina, nuestro fluir natural entonces conseguiremos:

  • Responsabilizarnos de aquello que nos pasa y saber expresar asertivamente nuestras necesidades.

  • Salir del mecanismo de la externalización, de esa idea desastrosa de que mi vida está mal porque hay un otro (persona o situación) que hace algo que no me hace bien o deja de hacer algo por mi bienestar. Llamémoslo trabajo, pareja, etc. Por lo tanto salir de la queja.

  • Aprender a cuidar-nos, respetar-nos y valorar-nos, tal como estamos siendo, con nuestras luces y nuestras sombras, con nuestros momentos expansivos y nuestros momentos de retraimiento. Somos todas esas facetas y ninguna en particular.


Y sólo así nos convertiremos en mujeres que reconocen, valoran y realzan su feminidad y la ponen a su servicio, lo cual sin duda repercutirá en sus relaciones. Porque para sostener y cuidar hace falta que nos cuidemos y nos sostengamos.



Mi propuesta es que:

  • Nos conozcamos profundamente, que seamos conscientes de nuestros ciclos, de nuestros cambios corporales y emocionales y juguemos con ellos a nuestro favor. Esto lo podemos conseguir llevando una observación y registro. Para ello hay materiales, apps que nos facilitan la tarea.

  • Y una vez conozcamos los vaivenes de nuestros ciclos, aprendamos a adaptar nuestra vida cotidiana a ellos, aprovechando los momentos de más expansión (fase folicular, fase ovulatoria) para hacer actividades en el afuera, con otros, que necesiten mucha de nuestra energía y en cambio darnos la posibilidad de vivir en el adentro, reservándonos momentos de soledad y descanso en aquellos momentos del ciclo donde la energía es más introspectiva (fase lútea, menstruación).

  • Que sepamos darnos aquello que necesitamos cuando lo necesitamos. Construyendo escenarios para que el autocuidado esté presente en todos los ámbitos de nuestra vida.

  • Que logremos establecer prioridades aprendiendo a decir que NO, a tener claro el para qué de lo que hacemos y no ir en piloto automático.

  • Que expresemos nuestras necesidades y deseos genuina y asertivamente, siendo capaces de negociar espacios y tiempos con los demás: pareja, hijos, dejando de lado el sentimiento de que somos imprescindibles y de que sólo nosotras podemos y debemos hacerlo todo y a la perfección.

  • Que respetemos y honremos nuestro cuerpo, cuidando nuestra alimentación, sacando tiempo para el ejercicio y el descanso.

​Déjame tus comentarios, me encantará conversar contigo.

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