Nuestra brújula interna

Actualizado: 16 de dic de 2020


La vida es un camino lleno de puertas, somos nosotros quienes debemos decidir cuáles de ellas abrimos y cuáles simplemente dejamos cerradas para siempre. Sin embargo, el saber escoger entre todas esas opciones que se nos presentan es todo un arte.


Muchas veces vamos a la deriva, dejamos nuestra vida en manos de otros y permitimos que sean ellos quienes decidan en qué puertas debemos entrar; otras veces simplemente dejamos que las circunstancias decidan por nosotros. En ambos casos no nos hacemos responsables de nuestra vida, porque es más fácil o más cómodo andar por caminos seguros.


¿Por qué nos cuesta tanto encontrar y seguir nuestra brújula interna?

Por variadas razones aquí mencionaré sólo algunas. La primera es que cuando niños no se nos educó para estar atentos y conectados a nuestras necesidades y deseos. Los adultos que teníamos más cerca no nos acompañaron respetuosamente en ese proceso lento y delicado que es ,saber descubrir ese inmenso tesoro que llevamos dentro lo que muchos autores han llamado el ser esencial, sino que crecimos satisfaciendo las necesidades de otros y siguiendo el camino por ellos trazado como el mejor, porque así garantizábamos ser amados. Otra razón es que no aprendimos a estar en silencio con nosotros mismos, a escuchar nuestras voces internas y nuestras sensaciones más viscerales, porque nuestra sociedad es de por si ruidosa y valora mucho más la acción que en el recogimiento. Y por último, porque nos enseñaron a tener miedo, a no arriesgarnos, a pensar que «mejor malo conocido que bueno por conocer» o que andar por el camino seguro nos protegería de grandes decepciones.


Y entonces, ¿estamos condenados a ser efecto en lugar de causa?

No, la buena noticia es que como adultos tenemos mucho por hacer, pues nuestro cerebro goza de una plasticidad absoluta y siempre podemos aprender y hacer cambios. Podemos empezar por conocernos más a nosotros mismos, conectar con nuestro niño interior, con aquello que en realidad nos mueve y nos apasiona. Podemos también aprender a calmar nuestra mente, a silenciar nuestros pensamientos y profundizar en nuestro mundo emocional, con ese lado más intuitivo que todos tenemos, pero que la mayoría de veces dejamos de lado. Y después de todo eso entonces podremos sobrepasar el miedo y arriesgarnos, ya que tendremos la confianza en que abriremos la puerta correcta, no necesariamente la más segura pero si la que mejor nos va a nosotros, la que en realidad nos hará felices. Y si nos equivocamos entonces aprenderemos de ello y reorientaremos nuestro camino hacia nuestro norte.


Está en nuestras manos pues lanzarnos al mar de la vida siguiendo esa brújula interna o dejarnos llevar por el oleaje esperando a que algún día lleguemos al paraíso.

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